Un sacerdote del Titanic prefirió quedarse a bordo para escuchar las confesiones de los pasajeros

Un sacerdote en el Titanic, rechazó su lugar en un bote salvavida y se quedó para escuchar las confesiones y dar perdón a las personas que se quedaban a bordo. 
En la esquina de una vidriera en una pequeña iglesia de Essex, hay una inscripción que le pide a las personas orar por sus antiguos sacerdotes.
Esta describe como «fervientemente dedicó sus últimos momentos a la consolación religiosa de sus compañeros de viaje.«
El Padre Thomas Byles, rector de la iglesia Católica Romana de St. Helen en Chipping Ongar por 8 años, fue uno de los 1.500 pasajeros que perecieron a bordo del SS Titanic el 15 de abril de 1912.
Este pequeño memorial que habla de sus acciones, fue orado por el papa Pio X, y nunca será olvidado por la parroquia que una vez sirvió.
De acuerdo con el sacerdote actual de la iglesia de St. Andrew, el padre Andrew Hurley, él fue un sacerdote muy amado y apreciado por las personas de la parroquia.
Era tanto la afección que le tenían que cuando su hermano lo invitó a su boda en Nueva York, la gente de la parroquia le ayudó a juntar dinero para su viaje.
Luego de que el barco golpeara al iceberg el 14 de abril, un testigo contó como el Padre Byles rechazó muchísimas ofertas para abordar un bote salvavida, en vez de aceptarlo se quedó con los pasajeros para tomar sus confesiones, ofrecer el perdón y orar con aquellos que se quedaban mientras el barco se hundía.
Su cuerpo nunca se recuperó pero su persona fue recordada hasta hoy en día.