¿La hora en la que comes altera tu reloj biológico?

El cuerpo humano trabaja todo el día. Nuestras funciones biológicas siguen ciclos de 24 horas, o mejor dicho ritmos circadianos, que son cambios fisiológicos y mentales impulsados por nuestros relojes biológicos internos. 

Pero bien, recordemos que los ritmos circadianos son controlados a su vez, por lo que se llama relojes maestros de nuestros cerebros.

¿Que es un reloj maestro?

Es un grupo de neuronas que se comunican entre sí y que se encuentran en un área del cerebro conocida como el núcleo supraquiasmático, dentro del hipotálamo. Tiene aproximadamente 20.000 neuronas o células nerviosas y el área cerebral en el que se encuentra controla la temperatura corporal, el hambre y la sed.

La investigación ha examinado el efecto de un retraso de 5 horas en los tiempos de comida, en el reloj maestro del cuerpo. Así como en sus varios ritmos circadianos periféricos.

¿Por qué elegir la hora de la comida?

Los ritmos circadianos, el metabolismo humano, los patrones de alimentación y la nutrición están interconectados. el vínculo entre las comidas y el ritmo circadiano no ha sido suficientemente investigado. Es por ello que los científicos midieron los ritmos circadianos en 10 jóvenes sanos con un experimento que duró 13 días.

Los participantes realizaron una rutina constante de 37 horas, que es un protocolo de investigación especial. el cual permite específicamente a los científicos medir el ritmo circadiano de las personas. Por lo general, implica reposo continuo en cama bajo iluminación persistente. Pero, en este caso, la rutina incluía iluminación decil, bocadillos pequeños igualmente espaciados, actividad física reducida y no dormir.

En conclusión, el retraso en el tiempo de las comidas no influyó en el apetito o somnolencia de los participantes. El reloj maestro tampoco se vio afectado, debido a que sus biomarcadores permanecieron sin cambios. Sin embargo, lo que sí cambió significativamente fueron los niveles de azúcar en la sangre de los participantes. Los tiempos tardíos de las comidas retrasaron los ritmos de azúcar en la sangre en un promedio de 5 horas.