Hablemos un poco sobre el cine.

La vocación cinematográfica del hombre viene de muy antiguo. Ya las primitivas pinturas prehistóricas buscaban la captación fugas de la imagen, hacer el movimiento y reproducir su entorno con la mayor fidelidad posible.


La aspiración milenaria del hombre que anunciaban las pinturas rupestres no podía hacerse realidad hasta que un soporte científico permitiera dar el salto entre el mito y el invento. Tal proceso se inició a comienzos del siglo XIX de la mano de la fotografía.

Fue Joseph Nicéphore Niépce quien, hacia 1816, consiguió fijar químicamente las imágenes reflejadas en el interior de una cámara oscura y tras varios experimentos logró tener su primera fotografía de un paisaje 10 años después. Poco antes de morir, Niepce se asoció con Louis Jacques Mandé Daguerre, quien heredó el invento, lo perfeccionó y lo popularizó con el nombre de daguerrotipo. Aragó y Gay Lussac elaboraron si precisión en los detalles. Darwin prefirió la fotografía al dibujar para ilustrar la expresión de las emociones en el hombre y los animales en 1872.


Un cine incipiente.

En el Paso de la fotografía al cine fue decisiva la investigación del Médico británico Peter Mark Roget, acerca de la persistencia retiniana, una cualidad de la visión que permite que las imágenes proyectadas durante una fracción de segundo en la pantalla no se borran instantáneamente de la retina. De tal modo que el espectador perciba en una sucesión de fotos inmóviles la ilusión del dinamismo.

Pero esta persistencia de la imagen a los humanos no basta para explicar porque el observar una serie de imágenes fijas se tiene la sensación de movimiento. Este fenómeno proviene del hecho de que las fotos en cuestión se presentan con una decadencia superior a la velocidad con la que el mecanismo timo del humano es capaz de analizar las imágenes almacenadas en la retina.


Louis y Auguste Lumière.

La culminación de todos estos experimentos fue el cinematógrafo, un aparato inventado por los hermanos Lumière que conjugaba satisfactoriamente las dos funciones del cine:

1. Analizar el movimiento.

2. Proyectar las partículas.

Su innovación con respecto a los artefactos que le precedieron consistía en hacer avanzar intermitentemente la cinta por medio de un sistema de uña. La conquista de los hermanos ha cerrado un capítulo en la historia de la cultura y habría todo un mundo sin fin para esa fábrica de sueños.

Las primeras proyecciones públicas de fotografía animada, se ofrecieron en un pequeño local del grand café, ubicado en el número 14 del Boulevard des capucines. El evento con centro a un grupo de personas que asistieron no sin cierto escepticismo. Sin embargo, la incredulidad fue momentánea pues al parecer la plaza Bellecour de Lyon con sus transeúntes y carruajes moviéndose la gente se quedó perpleja.

No importaba que lo estemos fuesen banales, como se puede decir de los títulos, lo fascinantes era el invento en sí mismo.


El renacimiento del cine sonoro.

El éxito de esta nueva vertiente del espectáculo condujo a la explotación de otros recursos que pudieran complementar. Faltaba el sonido, por lo que hacía 1912 empezaron a proyectarse imágenes sonoras, mediante la sincronización del proyector con un tocadisco y el empleo de un sistema de amplificación neumática.

Los fabricantes no les atraía especialmente la incorporación de la palabra, puesto que significaba un notable incremento de los costos, al tiempo que restringía la difusión del área en que se hablase la misma lengua quién en la película.

Los Hermanos Warner, a la vista de la demanda del público de un cine sonoro, estrenaron en 1927 el primer largometraje dotado de voz, el cantante de jazz. Unos meses después, la Fox estrenaría el séptimo cielo. La solución a los inconvenientes económicos pasaba por las técnicas de doblaje y subtitulado.


El cine en color.

La idea de colorear las películas surgió muy pronto. Al principio se hacía fotograma a fotograma y después mecánicamente. Con estos métodos no se enfrentaban al problema de grabar los colores naturales de los objetos. El procedimiento se inició en el Reino Unido: el kinemacolor británico se servía de un filtro rojo y otro verde para obtener los fotogramas. El rendimiento no era del todo satisfactorio, pues el resultado acusaba la bicromía.

En 1912, León Gaumont, popularizó el chronochrome que consistía en la yuxtaposición de tres imágenes tomadas con tres objetos distintos provisto de filtro verde, rojo y azul. La deficiencia radica en la tricomía.

Más tarde, se lanzaron al mercado cinematográfico otros procedimientos, entre los que destacaron el sistema Keller-Dorian, el Dufaycolor y el Rouxcolor. Habría que esperar hasta 1928 para que el technicolor, se impusiese sobre todas las demás tentativas. Fue esta última técnica la que aportó finalmente el color al cine.