5 Maneras de Engañar Tu Cuerpo Para No Sentir Dolor

En la cultura de hoy en día, es casi un reflejo involuntario irse directo a tomar pastillas cuando hay algo que nos duele o nos sentimos mal. Pero sucede que hay maneras en la que podríamos reducir este dolor, y no, no me refiero a las recetas típicas de la abuela para aliviar los dolores. Échale un ojo a estas 5 formas de engañar tu cuerpo para así no sentir dolor:

1. Tomar Café (u otra bebida con cafeína)

Supongamos que tienes una de esas urgencias anuales en donde quieres verte bien y comienzas a hacer ejercicios con todo el peso posible o caminando más de lo que puedes resistir. Terminas y te sientes orgulloso por todo el trabajo que has hecho, sin embargo, al día siguiente te sientes como si te fuese pasado por encima una aplanadora.

En un estudio, dos grupos de voluntarios sanos se les pidió hacer este tipo de ejercicios donde unos investigadores (que por cierto usaban máscaras terroríficas de payasos) midieron sus niveles de dolor. Se le dio cápsulas de cafeína a un grupo, lo equivalente a tomar dos tazas de café, mientras a otro grupo se le dio pastillas placebo (de las que no contienen nada). Al final del experimento, se descubrió que los que tomaron cafeína tenían una significante tolerancia al dolor.

Pero si eres de los que duran todas sus horas frente a un computador, sin despegar el trasero de la silla, probablemente te habran pegado esos dolores en las rodillas. Pues también hay un estudio para ti. Los científicos tomaron unos cuantos voluntarios y los hicieron sentarse por 90 minutos en una falsa tarea de computadora. Antes del experimento, se les permitió a los voluntarios tomar café, no para estudiar el efecto del café con el dolor, sino para «evitar los efectos desagradables por la privación de café.»

Las personas que tomaron café y reportaron tener dolencias tuvieron una menor intensidad de dolor que aquellos que no tomaron café.

2. Mira la parte del cuerpo que te está doliendo

Este es otro truco del que puedes sacar provecho de las rarezas de tu cerebro. Ya sea que te hayas rajado con la espina de una rosa o te hayas cortado con un cuchillo, lo más probable es que te hayas retorcido del dolor y hayas agarrado tu herida. Pues, en un estudio se comprobó que mirarse y tocarse el rededor de la herida (manos limpias por favor) puede ayudarte a reducir los niveles de dolor que se sufra.

3. Reír

Imagina que te despiertas a media noche para ir al baño, te levantas de la cama y de repente golpeas el dedo de tu pie con la mesa de noche o con el closet. ¿Cual es tu primera reacción? Si eres como el resto de los mortales humanos, lo primero sera maldecir a la madre de la pequeña mesa, agarrarte el pie y dar brincos como loco. Lo menos probable sería que te rieras, serías un loco como el Guasón (The Joker) si lo hicieras!

Bien es dicho que «la risa es la mejor medicina» ya que se ha comprobado que es capaz de aumentar la habilidad para resistir al dolor. No solo porque te distrae del cuchillo en tu pecho, sino que el acto de reírse libera endorfinas, un analgésico natural que produce tu cuerpo. Físicamente sentirás menos dolor si puedes hacerte reír cuando recién te golpeas o te hieres. Debe ser por eso que el Guasón resiste a tantos golpes y heridas.

4. Convéncete a ti mismo de que el dolor es más bien una ayuda

No queremos caer en esas tontas creencias de «el poder del positivismo», pero lo cierto es que el cuerpo realmente registra dos tipos diferentes de dolor. El dolor de una infección o una contusión no se registra de la misma manera que un dolor producido por ejercicios físicos, el último después de todo es más beneficioso. Y tu cerebro registra el dolor «bueno» de una manera diferente. Así que tu habilidad de soportar el dolor está directamente relacionado con lo que tu cerebro piense acerca de él. Así como cuando sales de una cirugía, de alguna manera el dolor producido por las heridas se sienten «menos malo».

Para comprobar esto, los investigadores condujeron unos exámenes a una serie de voluntarios donde tenían que tolerar el dolor tanto como pudieran. Al primer grupo se le dijo que el dolor tendría un efecto perjudicial en sus brazos, mientras que al segundo grupo se le dijo que el experimento mejoraría la fuerza de los músculos de sus brazos, y que mientras más alto fuera el dolor, mayores beneficios tendrían.

Al final del experimento los investigadores encontraron que la tolerancia del segundo grupo fue significativamente más alta que los del primer grupo.

5. Mira una imagen de algo horrible

Imagínate sentado en una silla de dentista. Las punzadas, el sangrado, el sonido de la máquina entrando a tu boca, el eco producido por los huesos cuando tocan tus dientes. ¿Y qué es lo que ves en las paredes del dentista? seguramente sean imágenes de flores, un paisaje de una ciudad nocturna, o incluso unos cachorritos con la intención de tranquilizar a los pacientes más jóvenes. El punto es que los dentistas intentan decorar la habitación con imágenes que intentan distraerte del hecho en que Satanás está bailando en tus dientes.

¿Funciona? Sí, algo. Pero ¿sabes qué sería mejor? Imágenes de tortura.

Los científicos condujeron un experimento en que los voluntarios calificaron unas imágenes desde placenteras hasta desagradables mientras que simultáneamente recibían dolor. Lo que encontraron fue que los voluntarios sentían mucho menos dolor si veían imágenes desagradables que cuando veían las más placenteras.