¿Nuestros gustos musicales son biológicos o aprendidos?

Hay algo que define a todas las culturas en el mundo y es el amor por la música, todas las personas tenemos un gusto por los modelos repetitivos y hemos creado todo tipo de expresiones culturales a partir del sonido. De aquí nace la pregunta ¿tenemos todos las mismas preferencias en cuanto a los sonidos consonantes (acorde) y disonantes (discorde)?, la discusión sobre si el gusto musical consonante es biológico o cultural viene a lo largo de investigaciones realizadas por los dos bandos. Por un lado, se encuentra la disposición de nuestras células  receptoras en el oído que hace determinadas frecuencias no resulten agradables. Por otro lado, hay pruebas bastantes sólidas de que la apreciación de la música tiene mucho de cultural.

Para llevar a cabo esta investigación, Josh McDermott realizó un experimento cuyo resultado se publicó en la Revista Nature. Él junto con su equipo se dirigieron al Amazonas y allí comprobaron las preferencias musicales con 64 miembros de la tribu de los Tsimane. A cada uno de los participantes se les presentó una serie de sonidos mediante auriculares y se les pidió que valoraran hasta qué punto les resultaban agradables o desagradables en una escala de cuatro puntos. Sin embargo, para su sorpresa las personas de esta tribu valoraron los sonidos consonantes y disonantes como igual de placenteros, mientras que para la prueba de las personas que viven en la ciudad como en Bolivia o Estados Unidos arrojan diferentes resultados.

En concreto, los investigadores pidieron a los tsimane que valoraran sonidos de su vida cotidiana, como risas o suspiros, así como sonidos artificiales. Lo que demostró que su percepción no difiere de la nuestra en términos de discriminación de sonidos. Con estos elementos, los autores se atreven a concluir que la preferencia por los acordes consonantes que aparecen en casi todas las culturas humanas obedecen a la exposición a determinada música polifónica más que a la biología del sistema auditivo.

“Nuestra conclusión es que estas preferencias depende lo expuesto que hayas estado a la música occidental y no de los factores biológicos”.

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