El Superfluido de Helio te hará cuestionar todo lo que sabes acerca de los líquidos


El superfluido de helio tiene cero viscosidad. Si tuvieras una taza de helio líquido y le dieras unas vueltas, el helio giraría para siempre. 

Normalmente no tienes que preocuparte por que tu bebida de repente se salga de tu vaso regándose por toda la mesa sin motivo aparente alguno. Eso es porque tu bebida no es nada comparado con lo que el superfluido de helio muestra en este vídeo.
Los investigadores han sabido por décadas que si enfrías el helio a su estado líquido, unos cuantos grados por debajo de su punto de ebullición (-269 grados Celsius) hará de repente cosas que ningún otro fluido puede hacer, como pasar a través de grietas finas de las moléculas, escalar hacia las paredes del recipiente y permanecer sin moverse a pesar de que su envase esté girando.
Ya esto no es un mero líquido, el helio se ha convertido en un superfluido, un líquido que fluye sin fricción. “Si le das vueltas a un vaso con un líquido y vuelves a los 10 minutos, de seguro ya habrá dejado de dar vueltas,” dice John Beamish, un físico experimental en la Universidad de Alberta en Edmonton. Los átomos en el líquido chocarán unos con otros y lo harán más lento. “Pero si haces el mismo experimento con helio a baja temperatura y vuelves millones de años después,” dice, “seguirá moviéndose.”
Como mucho de otros experimentos físicos que te hacen decir—”¿ah?”—la superfluidez fluye en contra de las reglas intuitivas de la mecánica cuántica. Pero a diferencia de otras cosas cuánticas, el extraño comportamiento del superfluido de helio es visible al ojo humano.
Las primeras señales del extraño comportamiento del helio fueron observadas en 1911 por el físico alemán Heike Kamerlingh Onnes, que en 1913 ganó el premio Nobel; un maestro de la refrigeración que logró por primera vez convertir el helio en estado líquido a -270.92 grados Celcius, además conocido como el punto lambda.

Pero no fue sino hasta 1938 que el físico ruso Pyotr Kapitsa y el dúo británico John Allen y Don Misener midieron la tasa de fluidez del helio por debajo de esa temperatura. La viscosidad fue tan baja que Kapitsa, que ganó su propio premio nobel por el trabajo, le denominó “superfluido” para describirlo, y luego “superconductor” haciendo referencia que tiene capacidades conductoras de electricidad sin resistencia.
La clave para la habilidad única del helio es hacerlo permanecer líquido a la temperatura del cero absoluto (-273,15 grados Celcius), la temperatura teórica a la cual los átomos dejan de moverse. Cuando la mayoría de los líquidos están congelados, la ligera atracción entre átomos en el fluido finalmente comienza a vencer las vibraciones del calor, y las partículas se sitúan en un orden regular, llamado sólido. Pero los átomos del helio son tan ligeros y débilmente atraídos unos a otros que incluso cuando los movimientos ordinarios están quietos, los átomos se agitan con cero movimiento, un ligero impulso es impartido por los principios de incertidumbre cuántica. Por lo tanto, nunca se convierte en estado sólido.
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